Debo decir que esta es una de las (tantas) cosas que sabía poco y nada cuando llegué a esta ciudad.

Como siempre, voy a hablarles desde mi experiencia, en esta oportunidad de cómo viví el clima en Torino.

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Mes a mes

Llegué a principios de marzo, directo de tres meses de verano argentino y luego de haber vivido otro verano entero en Europa, y de golpe PUM, la (gris) realidad torinese.

A pesar de que el invierno estaba terminando, yo sentía que el frío era bastante y la noche caía temprano, probablemente por el contraste con el clima del cual venía. Sin embargo, a partir de abril y con el cambio de horario, cambia radicalmente el tiempo, sale el sol y florecen los parques. 

Abril y mayo son los meses que más disfruto la ciudad, porque se puede comer y hacer el aperitivo al aire libre sin problemas, no hace demasiado frío ni demasiado calor, aunque la posibilidad de lluvias aumenta un poco.

Los meses más lluviosos del año son justamente en verano: junio, julio y agosto, pero como la alta humedad da un calor sofocante, a veces se agradece mucho la lluvia que calma. Sin embargo, estos meses son ideales para hacerse escapadas a ríos, lagos y montes dentro de la ciudad o en zonas que la rodean. Además, durante el mes de agosto, durante la fiesta de Ferragosto, Torino suele vaciarse ya que gran parte de los italianos se van a segundas casas en montaña o playas cercanas.

Mis otros meses favoritos son septiembre y octubre. El otoño saca los colores más hermosos de Turín. Amarillos, naranjas y rojos por doquier, convierten la ciudad en una obra de arte de la naturaleza que mis ojos jamás habían experimentado. 

Además, aunque baja la temperatura, no es tanto el frío ya que recorrer la ciudad bajo el sol y con 15 grados (al menos para mí) es más que perfecto. Y el sol ahí está presente, dándote unos atardeceres otoñales increíbles.

Y sí, llegamos a noviembre y todo vuelve a cambiar. El curso de la vida y las cuatro estaciones son inevitables. Noviembre es… un mes extraño. Destaca por la cantidad de lluvia, por las primeras ondas de frío de verdad, pero a la vez nos da una sensación de que está por llegar navidad y fin de año, y empezamos a ver muchas decoraciones por la ciudad.

Además, en este mes suele hacerse la gran feria Cioccolatò, un evento dedicado enteramente al chocolate (símbolo de Torino) que recibe visitas de todo el mundo.

Cuando llega diciembre el frío, las nieblas y la probabilidad de nevadas aumentan, pero me pasó que mi niña interior salió a la luz con cada iluminación en las casas, en las plazas, con el árbol encendido y el famoso Calendario de Adviento.

Cada día del mes se convierte en una espera por las fiestas y, el chocolate, el vino caliente (vin brulè) y las comidas típicas piamonteses y de montaña cobran sentido y ¡se disfrutan mucho más!

Pasan las fiestas, pasa la befana (una bruja pagana del folclore italiano que llega en la noche del 5 al 6 de enero, en lo que sería nuestra fiesta de reyes) y con los meses de enero y febrero todo vuelve a su rutina normal, pero ahora con un clima mucho más frío, cielos muy grises y alta probabilidad de nevadas en toda la región.

El turismo europeo baja muchísimo en la ciudad luego de las fiestas y las actividades que predominan son las de deportes en la nieve, en los diferentes centros de esquí de los alrededores (y cercanos a Francia y Suiza).

Ciudad de Torino con los Alpes de fondo

Ahora tienen un panorama un poco más amplio de cada estación del año, y espero que esto los ayude a la hora de decidir cuándo viajar.

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